domingo, 18 de junio de 2017

Asmatic Bros: un equipo de dos

Un club de dos. Un club social. Un equipo. Una ONG. Podéis pensar en nosotros como queráis, seguro que cada uno tiene uno de estos, aún sin darse cuenta. Todo el mundo tiene a ese compañero de fatigas inseparable, como un buen trago de agua fresca en un día de calor.

Los Asmatic Bros nacían hará ya cerca de tres años. Fue un parto inesperado, al igual que del embarazo ni nos percatamos. Y sí, me imagino que los que sois de mente más retorcida o picaresca ahora os estaréis desternillando y pensando en mil y una cosas que decir.

No tenemos emblema, ni escudo, ni equipación...por ahora! Pero el espíritu sí que lo tenemos. De hecho, para mí es un club grande, y me siento orgulloso de formar parte de él.

Se puede decir que nació el día que mi compañero y guía de montaña particular me llevó a dar un paseo con algo de trote por los montes cercanos de casa, enseñándome sitios que si uno no se mueve jamás pensaría que están ahí, al alcance de la mano.
Y eso fue la perdición, ahí empecé a animarme a trotar de nuevo después de años huyendo de las zapatillas por unos diagnósticos de traumatología que no auguraban nada bueno, pero que el tiempo parece haber puesto en el sitio de las falsas promesas.

Así que ya nos veis, dos asmáticos, fanáticos de correr cuesta arriba, jadeando como Darth Vader después de haberse fumado un paquete de Ducados. Pasados de peso? Sí. Mediocres? Bueno, yo más que mi compañero. Uno calvo y el otro paliducho? Que más da! Cada uno con sus achaques pero eso sí, exprimiendo cada minuto que podemos en los caminos que se nos presentan por delante. 

El que tiene un compañero, un escudero, el camarada de trinchera, sabe que pasa por muchos momentos.
Los hay de pura risa y jolgorio, cachondeo y palabras bonitas. Pero también existen los feos, de maldiciones, insultos y ganas de tirar la toalla. 
Pero nunca, nunca, nunca hemos dejado atrás al otro (y eso que soy yo el que suele ir detrás).

Lo que yo os diga, que suelo ir detrás xD

En los principios nos animábamos a hacer alguna que otra popular, pero ahora estamos ya a otro nivel, somos bastante punkarras, vamos por libre. Estamos hechos unos apaches del Empordà.

Creo que eso hace grande a nuestro club. No nos importa ser dos, pero quien sabe, tal vez algún día una legión de asmáticos con múltiples taras como nosotros se nos unen. 

Así que compadre, sé que leerás esto, hoy va por nosotros como club, sí. Pero sobretodo va para ti como compañero de fatigas, el 50% del equipo.

domingo, 11 de junio de 2017

El corazón de la montaña

¿Blanco o negro? ¿Star Wars o Star Trek? ¿Agua o cerveza doble malta? La vida está llena de decisiones difíciles. Es complicado elegir entre dos cosas que nos gustan mucho, pero no hay por qué elegir, podemos disfrutar de ambas.

¿Mar o montaña?

Hoy os quiero hablar de la montaña. Soy un privilegiado, sí, como lo leéis. Los dos "campamentos base" en los que discurre mi vida tienen un denominador común: tengo vistas a la montaña.
Hay estudios que demuestran (no esperéis que los cuelgue aquí, porque no guarde los enlaces hehehe) que cuando se somete una persona a la contemplación de la naturaleza o mejor aún, se le sumerge en actividad en ella, mejora el rendimiento del cerebro.

Pero no quiero hablar del efecto positivo que producen en nosotros, los humanoides, que somos una raza inferior y destructiva, no. Quiero dedicarles esta publicación a ellas, a las montañas.

Siempre nos reciben con los brazos abiertos y una sonrisa. No les importa que les pasemos por encima, ya que todo el mundo sabe, que un senderista de pies gráciles les hace cosquillas.
Pasamos corriendo, en bicicleta...y los hay que les hacen cicatrices a montados en vehículos a motor.
Otros, se empeñan en treparlos como las hormigas hacen con nosotros, provocando esos picores que ponen los pelos de punta.

Nunca he escuchado a una montaña quejarse ni negarle la entrada a nadie. Son muy agradecidas y bondadosas. Aún y así, hay quien se empeña en ensuciarlas y maltratarlas de muchas maneras: les cortan el manto que las protege y da carácter (y a nosotros nos divierte correr entre su vello arbóreo) y en el peor de los casos, las dinamitan o queman, para lucrarse con su extensión.

Debería ser cosa de todos protegerlas, ya que son como un niño de sonrisa inocente y mirada juguetona, no quieren hacer daño a nadie y les encanta que jueguen con ellas.
No cuesta nada no dejar nuestra suciedad sobre ellas, es fácil cargar de vuelta con lo que llevamos, incluso vacío pesa menos. No maltratar su fauna ni su flora, es más, la comparten con nosotros, son así de altruistas.

La montaña enseña. Nos da espacio para pensar, divertirnos, reír, llorar, gritar a los cielos en solitario o compañía. Es una amiga (que cada uno le atribuya el sexo que quiera) silenciosa, que sabe escuchar.

Habrá quien crea que las montañas son simplemente roca, sin personalidad ni corazón.
Yo creo que sí lo tienen, y que poco a poco, con el paso de los siglos, el ser humano ha perdido la capacidad de escuchar sus latidos.
Tengo la sensación que sus latidos, cada día que pasa, son más lentos y débiles. Pero yo seguiré yendo a hacerles cosquillas y susurrarles al oído palabras bonitas, que sepan que hay gente que las cuidaremos siempre.
Gracias por enseñarme tanto :)

Solo hay que saber mirar para verlo ^_^

Otro día os hablaré del mar. Una vez una gran persona, muy sabia, me dijo que quienes nacemos cerca del mar, ya siempre estamos unido a él...qué razón tienes.

domingo, 4 de junio de 2017

Rescatando escritos de mi "cuaderno de bitácora"

Ha sido una semana extraña en lo relacionado con el blog. Tengo en mente un montón de ideas sobre las que hablar, para exponeros, e intentar que os sea lo más entretenido y ameno posible el dejaros caer por aquí un rato, pero parece que a veces cuantas más herramientas tienes en el cajón, peor cierra hehe.

Andaba buscando unos documentos en la nube, cuando me topé con varias de las crónicas que escribía cuando salía con amigos a pedalear. Después las publicaba en mi perfil de redes sociales y parecía que a la gente le gustaba, aunque para que mentiros, el que disfrutaba como un niño era yo escribiéndolas y eso ya era premio suficiente de pasar un rato sentado enfrente del portátil.

Podría vivir algún día de escribir? Lo dudo. Pero se me ponen los dientes largos de pensar en vivir microaventuras en bici con una pequeña alforja y un portátil, pararme debajo de un árbol, y escribir ahí mis vivencias para los que quieren vivir un rato de aventura mientras están alrededor de un fuego, en casa, en un sillón. O por qué no, en vez de portátil, una libreta y un lápiz, que es más "romántico". 

Estará Labordeta recorriendo el cosmos, parando en cada estrella a pedir una hogaza de pan astronómico y escribiendo en su libreta? 

Cavilaciones aparte, os dejo aquí la crónica que hice en su día de una mañana de gravilleras por nuestro bello Baix Empordà. 

 
En el acceso a Peratallada. "Mientras tu sacas la foto, yo hago el memo, ok?"

Si estás leyendo ésto en busca de velocidad, descensos vertiginosos, vuelo de puñales, vatios y KOMs de Strava, siento desilusionarte, pero no lo vas a encontrar aquí.
Ésta es la pequeña historia de dos amigos que salen a pedalear sin pretensiones, a su ritmo, disfrutando de cada golpe de pedal y parando a hacer fotos, a tomar café y buscar buenas rutas en bicicleta tranquilas, pero atrayentes a su vez.

Cada uno iniciaba su día a su manera, y acordamos el punto de encuentro al lado de la bola metálica del Fórum, que sirvió para un espectáculo, que trajo el ayuntamiento de Calonge al municipio. Para otros, ése punto de encuentro sería al lado del supermercado Aldi.

El primer reto del día se presentaba en forma de pequeño puerto. Creo que por mucha gente, incluso de fuera, es conocida la Ganga. Es una pequeña carretera que serpentea, sube y baja, uniendo los municipios de Calonge y La Bisbal. La verdad, es un buen atajo si quieres ir de uno a otro, y pones las piernas a prueba. También se dice que aquí se hacen buenos entrenamientos de series (doy fe), así que reúne un poco de todo lo que se puede hacer, ir con tranquilidad o a cuchillo.
Subimos a buen ritmo y con desarrollo alegre, para no ir atrancados. Me conozco bastante bien ya ésta carretera, mi intención es darle un susto a Noé en un intento de escapada...fallida, porque me equivoco de curva. Así que ya me véis poco tiempo después intentando no perderlo siguiéndole la rueda con la lengua lamiendo el asfalto.

La bajada era un descanso después de apretar las piernas. Como siempre, Noé me va dejando atrás, pero no tengo prisas, ya sé lo que hay. Se empiezan a notar que las temperaturas van recuperando su cauce normal, y ésta zona, al ser algo sombría, se echa en falta a veces algo que proteja un poco contra el frío.
Serpenteamos en llano después de la bajada, las Cruces de Hierro devoran quilómetros sin parar, incansablemente, y vamos dejando atrás los carteles informativos de las Vías Verdes.
No os comentaré nada sobre nuestro paso por La Bisbal, pues ya sabéis lo que es cruzar un pueblo: arranca, para, claxon, claxon, claxon. Que se fastidien, la vida en bici es mucho mejor!

Nos adentramos por pistas de tierra, las bicicletas se defienden de lujo. La verdad, por momentos parece que estás haciendo ciclismo de montaña de la vieja escuela, sin suspensiones ni historias, sólo las piernas y la pericia de cada uno son lo que cuentan.

El arco de entrada a Peratallada nos esperaba. Paramos a sacar algunas fotos y recuperarnos (por decir algo) del tramo que habíamos hecho. Proseguimos la ruta cruzando el pueblo entre sus paredes y el suelo pedregoso, da la sensación de acercarse a Roubaix con tanto adoquín.

La próxima parada del camino nos dejaría en Sant Feliu de Boada, bonito pueblo del Baix Empordà. Aflojamos para deleitarnos con la vista, para acto seguido adentrarnos por unos campos sin señalizar y llegar directos a Pals, donde haríamos la segunda parada del día en forma de avituallamiento.
Mientras tomamos el café, grupos de transeúntes visitan el pueblo e intercambiamos palabras con ellos.

El camino de vuelta hasta Palamós lo haríamos por la Vía Verde señalizada, con pocos incidentes salvo unos bancos de arena en los que quedo atrapado. Y sufro un ataque de amor bestial de una perrita que iba con el dueño de paseo, hasta que no la saludé, no me dejó continuar.
Justo antes de llegar al destino de Noé, también me visitaría el Tío del Mazo, dándome duro y dejándome en un estado “curioso” para los escasos diez quilómetros que me restarían para llegar a casa...pero que me parecieron los más largos de todas las rutas habidas y por haber.

Quién dijo que que hay que ser el más rápido? El cicloturismo tranquilo aporta sensaciones que de otra manera no obtendríamos. Las Genesis descansaban en sus refugios a la espera de la próxima aventura!


domingo, 28 de mayo de 2017

Qué has hecho hoy?

Hoy os quiero hablar de un concepto muy de oficina, pero que me encantó cuando me lo expusieron.

Un día, hablando con mi amigo (y también fisioterapeuta) sobre el estar fuerte y sano, para sentirse uno mismo bien y útil me dio uno de los mejores consejos que me han dado en años en términos de actividad física. Le comentaba que últimamente me encontraba muy pesado y débil, y que me costaba encontrar esas ganas de hacer algo en el día. Su respuesta fue simple, directa y clara: "hay que fichar cada día"

Llegados a este punto, hay que dejar un poco de lado la mentalidad y concepción que nos han querido inculcar, vender e imponer en todas partes. Que hay que "entrenar" duro cada día para obtener resultados y ser muy cool  a ojos de los demás, y sin olvidarse de entrar en el concurso de "pues yo hago más que tú".

Obviamente no todos los días se tienen las mismas ganas de hacer cosas, tenemos vidas que no nos lo permiten: trabajo, familia (con o sin hijos, con o sin compañeros peludos), quehaceres domésticos y un extenso etcétera. 
Pero, en mi opinión, la fórmula mágica es la siguiente: cada día, haz algo
Por poco que sea, aunque pienses que es irrisorio, es mejor que nada. 
Te gusta caminar? Sal a caminar veinte minutos, por ejemplo, antes de comer, en ese rato que tal vez te beberías una cerveza y te pondrías tibio a tapas. Correr? Sales de trabajar eléctrico y no consigues pegar ojo al llegar a casa...trota un rato, seguro que te relajas.
O no todos los días te apetece meterte cuatro horas de bicicleta entre pecho y espalda! Qué hay de malo en ir a hacer recados pedaleando? Todo movimiento suma :)

Los dos primeros de la fila ríen porque dicen que hoy hacen una sesión paleo


A parte de eso, hay cosas infravaloradas que también pueden hacerse en vez de lo citado anteriormente. Muchas personas viven encasilladas en el ejercicio aeróbico o en el que para estar fuerte hay que ir al gimnasio. 
Una sesión de gimnasia suave en casa, de quince minutos...hace milagros! Y hasta después sentirás que te mueves mejor. 
Te gusta bailar? Por qué no te pones tu música favorita y haces el indio veinte minutos por casa?

Todo movimiento ayuda y suma, a no sentirte tan rígido, a desahogarte físicamente y no por ello menos importante, mentalmente, y creedme, diez minutos cada día, a lo largo de la semana...se nota. 

Que después podéis hacer algo extra? Es algo que suma, no tiene por que ser excluido. Diez minutos de moverse por la mañana y un paseo por la tarde me parece un día redondo. 

Lo importante, como dice mi sabio compañero y amigo, es fichar cada día ;)

domingo, 21 de mayo de 2017

Lo esencial para correr

Una noticia me va a ir de perlas para hablar del tema de esta semana. En pocas horas se ha extendido como la pólvora, y me gusta por varios motivos: la protagonista es mujer y defiende a ultranza la esencia de lo que ando buscando en el deporte. Aquí dejo el titular:

"Una mujer tarahumara gana un ultramaratón en México sin equipación deportiva".

María, de 22 años, sólo con sus huaraches, una camiseta, un pañuelo, una falda y una botellita de agua. Fin. Ni relojes, ni pulsómetros, ni mallas de compresión, ni mochilas de hidratación de cientos de euros. Su cuerpo y sus vestimentas comunes, sin más.

Ahora muchos me saltarán al cuello y me dirán que claro, que es tarahumara, que este pueblo tiene una predisposición a ello...quizás, vale. Pero no corren para ser mejor que el resto, se lo toman como un juego. No entrenan, corren porque les hace felices. Por cierto, si queréis conocer un poco más de los tarahumaras de forma amena, os recomiendo el libro Nacidos para correr.

Huaraches, el calzado usado por los tarahumaras.

Cada día, cuando salgo a la calle el panorama que veo es el mismo. Gente corriente disfrazada, cargada de mil y un dispositivos para monitorizar su actividad. Y ojo, que los que lo hacen para competir y optimizar su entrenamiento, pues no está mal un poco de control. Pero estoy hablando de gente corriente, el grueso que formamos el populacho que practicamos algún deporte (léase montar en bicicleta, correr, trotar, caminar y un largo etcétera).
Es común que se lleve el teléfono (que cada vez son más grandes, por cierto) atado al brazo o en una riñonera (sí, yo también lo llevo, mayormente por si tienen que localizarme o me pierdo en la montaña, quiero llevar un GPS encima). También suele llevarse un pulsómetro. Posiblemente vaya con auriculares puestos. Los más equipados, seguramente llevarán uno de esos bidones que se llevan con un asa especial en la mano.
Ropa de varias decenas de euros, a la última.
Y cada vez que paran, es como escuchar una máquina que acumula fallos por todas partes, pitidos y pitidos de sensores que se ponen en reposo o paran...y ya no hablemos de voces robóticas que avisan del estado del entrenamiento. 

Llegó un momento en el que quise decir basta a todo esto, y decidí convertirme, como yo lo llamo, en un deportista punkarra. No necesito mil cosas para hacer lo que quiero, de toda la vida se sudó con camisetas de algodón y nadie murió en el intento, no? Mallas de compresión? Llevo las mismas de hace por lo menos ocho años, y hasta que no se me vea el culo de mandril que tengo, dudo que compre más. 
El pulsómetro lo vendí, por cierto, a un chico que competía en atletismo. Seguro que a él le hace más servicio que a mí. Cuando veo que el corazón me va a salir del pecho quiere decir que voy muy fuerte, o sino, hago los típicos chequeos de ir silbando o hablando cuando corro o pedaleo. Son gratis, no pesan y no ocupan sitio.
Mis zapatillas de asfalto y montaña son las mismas. Que de hecho, son las mismas de uso diario y con las que trabajo. Alucinante, no? Solo me ocupan un hueco en el armario o en un rincón de la habitación. 

Y así podría seguir todo el día. Hay cosas indispensables de las que no se puede prescindir, está claro. En bicicleta necesitamos un casco, y yo no descarto una buena iluminación para ser visto...pero poco más, que más da como vayamos vestidos, si lo que queremos es pedalear? Y para correr? Un pantalón, una camiseta, unas zapatillas y las llaves al bolsillo, lo justo para echar un rato (recuerda, hablo de alguien que lo hace para estar en forma, desconectar, pocos kilómetros y relativamente cerca de su casa).

Creo que la esencia de lo que hacíamos antes, la tiene María. Lo más importante que necesitas para practicar deporte es tu cuerpo. El resto? Con las ganas ya llevas la mejor equipación posible ;)

domingo, 14 de mayo de 2017

En busca del Taller perdido

Si te encuentras muy mal vas al médico, cierto, no? Pero y si la que se encuentra mal es tu bicicleta, qué haces? Y no me refiero a que estornude, no te vayas por las ramas que ya me has entendido! Suelta el ibuprofeno, ella no necesita eso!

Encontrar un buen taller es como buscar una aguja en un pajar, depende de como lo enfoques y busques, puede llevar mucho tiempo. Por eso, voy a dejar por aquí unos pequeños consejos (que a mí) me funcionan a la hora de tener que afrontar ese reto. 

1) Si no hay química, olvídate: has entrado alguna vez en algún taller en el que te has sentido echado a patadas? O en el que te arrepentiste luego de entrar? Podría poner mil ejemplos que he sufrido en mis carnes, pero no vendría al caso. Si el mecánico o tendero es amable, para mí ya es un suficiente raspado. Si por encima es simpático, te ha tocado la lotería. Tal vez no estés allá metido todos los días, pero quieres encontrarte a alguien al que cuando le expliques el problema que te ha surgido te entienda, te ofrezca soluciones e irte tranquilo a casa a morderte las uñas mientras esperas a recoger tu bicicleta de nuevo (sí, para algunos eso es un trauma).

2) Precios justos: lee bien de nuevo, sí, justo. No estoy diciendo barato, ni caro. Creo que con los años han surgido negocios que te sangran por hacer un mal trabajo, pero también que hay mucho consumidor espabilado que intenta ratear al límite por el trabajo ofrecido por el que se gana la vida arreglándote la bicicleta. Le pedirías un descuento al chófer de autobús por hacer el trayecto de siempre? Pues ese chic@ en el taller a parte de arreglarte la avería, tiene que pagar luz, agua, alquiler del local, etc. En pocas palabras: no le jodas (y te tratará como mereces).

3) Reseñas o recomendaciones: en internet hay mucho bicho suelto, sí, pero a veces es bueno leer las reseñas que ofrece Google de un taller si no conoces bien la zona. O lo de toda la vida, un amigo te recomienda un sitio porque él es donde lleva su bicicleta. Al final tú vas a decidir quien toca tu montura, pero los consejos son gratis...o eso dicen.

4) Que no te miren mal por llevar según que bicicleta o lo que pides: sí, me he encontrado de estos también, a patadas. Ir a buscar X recambio para una bicicleta ya "clasicona", y salir de allí con la sensación de una patada en el culo. O entrar con X bicicleta y ya te están fusilando en la entrada. No se debería juzgar a todo el mundo por lo que lleva...tal vez no tiene más presupuesto para ello.

5) Buenas sensaciones: si entras en el taller y ya te da buen rollo, eso es buena señal. Tal vez la decoración del sitio plasma un poco la actitud o gustos del tendero. Además, si tiene una filosofía similar a la tuya, sabrá que ofrecerte o aconsejarte cuando necesites de sus servicios. Prefieres dejarle la bicicleta a un desconocido o a un colega? Eso sí, no seas cabrón e intentes ratearle o sangrarle...te encontraré. 

Detalle del quirófano de Cycling d'Aro, mi taller de confianza en la Costa Brava.


A parte de estos consejos, creo que también hay que aplicar ciertas fórmulas a la inversa:

1) Sé correcto: aquí englobo varias cosas. No le intentes ratear, o el tío del Mazo te castigará. Sé amable con él, es una persona como tú y se mancha las manos para ayudarte. Sí, también puedes ser simpático con él, no muerde! 

2) Cuídalo: has pensado que de vez en cuando, como es una persona, le puede apetecer una cerveza o un café? Verdad que él está ahí cuando lo necesitas? Lo he dejado claro?

3) Déjate Internet en casa: es que esta pieza en internet vale menos... Ahorratelo, cállate. Sino, vete a casa y háztelo tú. Puedo decir que la mayoría de las veces merece la pena pagar algo más a alguien que se quiere ganar la vida honradamente por que te dé un producto (y seguro que hasta se ofrece a montártelo, y bien, no como tú, manazas) en condiciones que ir de mecánico profesional y acabar con un pisapapeles de una cantidad variable de euros.

Podría añadir más, pero creo que estas son unas directrices básicas a seguir. 

Espero que sigáis dejándome entrar en el taller...

domingo, 7 de mayo de 2017

Mejor conectar con el niño interior que entrenar

No siempre la motivación está a tope, es imposible que siempre tengas ganas de entrenar y darlo todo. Sin sufrimiento no hay mejora, susurros entre gente que se machaca sin parar.
Ha llegado un punto en el que he dejado de usar la palabra entrenar. Es difícil hacerlo, pero llega un día en el que la coges, abres la taza del inodoro y tiras de la cadena. Desaparece, magia! A veces parece que vuelve, pero no dejo que se ponga cómoda.

Entrenar en bicicleta? Yo le llamo salir a pedalear, sin más. Sin potenciómetros, sin aplicaciones, sin pulsómetro.
Entrenamiento de correr? Como buen tractorista que soy, como mucho salgo a trotar. O a caminar. O eso que le llaman cako, que no es más que intercalar trozos de caminata con carrera. Sí sí, a lo mejor te suena, eso que hacían nuestros ancestros para desplazarse por el mundo.

Hay un recorrido cerca de casa de mis padres que me encanta. Lo he hecho de casi todas las maneras posibles: del derecho y del revés, de día y de noche, lloviendo o con nuestra amada y odiada tramontana, caminando o corriendo.
Una ruta que nunca deja de ofrecerme nuevos matices o descubrimientos, siempre cambiando con el tiempo.

Solo con ganas de moverme, sin mayor pretensión, empecé la ruta. Visitar las fuentes que se encuentran en él y poco más. Pasaban los minutos y los kilómetros y pasó eso que llamamos venirse arriba.
Me descubrí a mí mismo, sin pensarlo ni ser premeditado, corriendo en las bajadas, solo por el placer visceral y primitivo que ofrece. Sabéis esos perros que sacan la cabeza por la ventanilla del coche y parecen sonreír con el viento azotándoles la cara? Pues así iba yo.

Creo que más o menos ésta es la sensación de la que hablo :)

Hacer una parada en el punto más alto, y sentarse en una roca a contemplar el paisaje. Total, tengo prisa por acabar? Me preocupa el ritmo? Pst, creo que no.

Encontrar un palo e ir pensando por el camino como se puede usar: en forma de bastón, para apartar maleza en caminos muy cerrados o a forma de trípode con un buff para sacar fotos. O para jugar! Si tienes una imaginación desbordante, es fácil creerte que eres el mismísimo Gandalf el Gris perseguido por una tropa de uruk-hais.

Este día iba vestido normal, de calle. Camiseta de algodón, pantalón de "montaña" y unas zapatillas, me impidió eso correr?
 A lo que voy es, que a veces, hay que dejar de lado el profesionalizarse y tomarse las cosas como un juego, no perder el brillo en los ojos ni las ganas. Por que si no, que sentido tiene salir a moverse? Personalmente, cuando algo se convierte en una obligación, mal vamos.
Olvidar (aunque sea de vez en cuando) la palabra entrenar e intentar más conectar con el chiquill@ que éramos hace años, en la que incluso el esfuerzo más sobrehumano sólo era un juego.